Ella se llamaba aventura, su apellido era placer, su atractivo era ser mujer, y su vocación perfecta era jugar a querer. Ella por las noches y sentada en esa mesa, bebía ron, también pintaba, cantaba y prometía por siempre su amor, tenía un don, enamorar, y romperte el corazón.
Su pasatiempo favorito, era enredarse con gente en su colchón, su domicilio oficial eran bares, billares, y por supuesto las calles.
Su máximo sueño era ser actriz, su máximo miedo era ser feliz.
Sus mejor acompañante, era el humo de cigarro, y en ocasiones ,la luz de las estrellas, la sombra de la luna, y el silencio de la noche.
Ella era hermosa lo tengo que admitir, ojos negros grandes, pero tristes a la vez, su boca era suave, delicada, pequeña, pero amarga al sentir, sus piernas eran tan perfectas y de su piel ¿que decir?... sus besos humedecían tanto , que era tan dificil dejarla de sentir.
Vestía elegante, su porte eran tan firme, que sin conocerla, hasta el presidente y un sacerdote se hubieran llegado a hundir por esa mujer,ella dormía como ángel, sonreía como hada, y me analizaba mejor que un psiquiatra.
Su especialidad era cocinar ilusiones al aire, era llorar sin explicar el por que, manipulaba con gestos, y en ocasiones te conquistaba con ternura que aun guardaba por ahí.
Su error era dejar pasar su vida, era entregarse sin sentirse completa y salir por las noches sin despedirse, cobrar su dinero y huir de míl.
Vendía su tiempo, bailaba al ritmo del dinero, y vivía al ritmo de su soledad.
Ella era buen amante, a veces callada y no decía nada, a veces extrema y me besaba hasta el alma, a veces tan niña que me hacía olvidar de donde venía y a que vida ella permanecía.
Ella era perfecta, aunque no se daba cuenta, la adoraba tanto, la necesitaba demasiado, y aunque me diera en el orgullo de pensarla a tal grado, de mi se había apoderado.
Ella era tantas cosas a la vez, que dolía saber, que nunca mas iba a creer en el amor, dolía tenerla cerca pero saber que nunca iba a ser yo la dueña de su corazón.
Dolía escribirle y saber que mis poesias no valían de nada, pero dolio aún mas, cuando el dia que por fin decidí a decirle que se había apoderado de mí; su cuerpo, su rostro, y el ron que cada noche la esperaba en esa mesa de bar, habían huido de aquí... y fue entonces ahi, cuando por fín comprendí, que tan solo yo ella era una poeta loca que imaginaba el amor y ella UNA MUJER DE NOCHE que le huía del amor.




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